La primavera extiende su manto colorido en Europa, la naturaleza despierta después de 3 meses de frío invierno.

Desde mi ventana escucho el trino de un pájaro, los árboles florecen, pero en el corazón de muchos hogares europeos no hay una alegre melodía, ni un cálido sol que caliente el corazón de las familias adoloridas, por la muerte de un ser amado a causa del Coronavirus.

Italia, España, Francia. Alemania, Suiza... Todo el corazón de Europa está en duelo.

La presidenta de Suiza, Simonetta Sommaruga lanzó el 21 de marzo un mensaje a la nación en el que exhorta a la ciudadanía a trabajar unida para contrarrestar la amenaza de la pandemia del nuevo coronavirus.

Este mismo mensaje de solidaridad y colaboración lo repite cada líder de las naciones europeas a sus ciudadanos.

Aquí en Suiza hasta el 21 de marzo, hay más de 6,000 personas están infectadas con coronavirus y el número de fallecidos llega a 56.

El gobierno suizo ha hecho un llamado decidido al ejército, durante lo que se describe como una emergencia "excepcional"

Esta es la mayor movilización militar en Suiza desde la Segunda Guerra Mundial.

Italia libra una intensa batalla para detener al virus que ya ha cobrado la vida de más de 4.000 personas. La policía local patrulla alrededor de Milán para difundir un mensaje fuerte y claro: "Quédate en casa. Hazlo por ti y por los demás".

El coronavirus ha causado una crisis de salud pública, pero también está infectando la economía mundial.

Y vaya que me lo confirman mis ahorros. Por ahora cuido mi salud, me quedo en casa sin poder ir a trabajar y cuido cada franco ahorrado.

Los economistas de las Naciones Unidas estiman que el virus podría costar a la economía mundial 1 billón de dólares como mínimo este año.

Con el paso del tiempo veremos si en verdad la humanidad se convierte en una gran familia donde un país apoya a otro para superar la crisis.

Este virus nos enferma un poquito emocionalmente a los que estamos lejos de la familia. Cada vez que leo en los periódicos suizos que aquí va en aumento la cifra de infectados, y en los países vecinos también, en mi mente y corazón ronda la súplica de que a mi frágil El Salvador le toque lo menos posible este virus que avanza a pasos de gigante.

Pienso en mis ancianos padres y en toda mi familia y en mis amigos que amo, en mis compatriotas.

Solo espero que un día no muy lejano podamos como dice la poeta chilena Gabriela Mistral, derramar en nuestro país y en el mundo entero rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación.

Que Doña Primavera de manos gloriosas, nos haga que por la vida derramemos rosas...

 

Amalia Alejandro

Periodista residente en Suiza