Es cierto que enfrentamos un periodo de excepcional gravedad en la existencia del Ser Humano como especie, y que se requieren por ello medidas excepcionales. Sin embargo, las medidas que está tomando el gobierno de El Salvador, nos hace preguntar si saldrá peor el remedio que la enfermedad o será la pantalla que oculta la incapacidad para instalar el sistema hospitalario que responda a la pandemia del Covid-19 o que esta enfermedad ya se instaló en el país.

Nadie, con las excepciones del caso, puede salir de casa, solo una persona. Decirlo es fácil, pero atender las miles de necesidades pequeñas que tiene cada hogar en particular, no tiene plan «b».

Una persona que necesita ir al cajero o al banco a retirar dinero, a realizar las compras, y otros mandados, necesita de otra que le ayude, sea con la carga, el transporte de los productos, la delincuencia que no descansa, por ejemplo.

Tampoco es posible que una persona que requiera atención hospitalaria de emergencia, no relacionada al Covid-19, vaya sola a requerir la atención que necesita. Que habrá excepciones, correcto, pero en lo que un soldado o policía aceptan la «excusa» o se aseguran que la salida es válida, pueden pasar muchas cosas

Hay otros factores por los que la medida puede ser demasiada extrema y necesite ser un poco elástica. Las casas de la mayoría de trabajadores son pequeñas, amontonadas en las llamadas colonias, con apenas espacio para moverse, en esta época extremadamente calurosas, en la mayoría de estos hogares tampoco se tienen libros o revistas, no todas tienen cable o señal Wi-Fi, es decir se vive en un hacinamiento tanto colectivo como individual.

Asimismo hay comunidades que no tienen agua, y no es una sola persona la que abastece el hogar, son varias.

Podemos seguir enumerando muchos casos que van desde el estado psicológico del confinamiento, hasta el estado de las necesidades hogareñas necesarias para aguantar el confinamiento y seguir con vida, alimento variado, agua, medicinas, etcétera.

Esta medida extrema requiere paliarse sin por ello arriesgar la vida de los demás.

Por el lado de la preparación médica para atender a las víctimas de la pandemia, los videos que vemos sobre los sitios de cuarentena nos demuestran que lo que menos tienen es equipamiento médico, vigilancia médica, chequeo médico. En realidad son albergues a los que llegan solo soldados, que, dicho sea de paso, están mejor cubiertos que los médicos o personal sanitario.

Tampoco vemos la separación de camas como manda el protocolo para evitar contagios. Es notorio que en esa planificación y diseño más privó la urgencia política que la urgencia médica.

Por cierto ya hubo una seria protesta por las condiciones del confinamiento de los sospechosos de estar contagiados.

Desconocemos en su totalidad el plan para detener el Covid-19. Solo vemos medidas tomadas con justificaciones estadísticas o numéricas de otros países, pero no medidas que nos hagan ver como el tipo de sociedad que somos y las necesidades que requerimos.

Somos una sociedad empobrecida con un sistema político calamitoso, embadurnado de corrupción que nos está estallando en la cara. Un sistema de gobierno no diseñado para atender los requerimientos de la población en el área de salud mucho menos para atender la pandemia.

Tampoco está claro el mecanismo del beneficio para no pagar servicios, sean privados o gubernamentales, o para que los necesitados tengan acceso al beneficio de los trescientos dólares.

¿Cómo harán los talleres mecánicos artesanales, los vendedores de pan, los vendedores de sorbetes, las que venden frutas de manera ocasional, los ancianos que venden lotines u otras chucherías, los vendedores de dulces en los buses?

No bastando las medidas extremas, los policías y soldados, por iniciativa propia, exigen la obligatoriedad de usar mascarilla, cuando la realidad es que las mascarillas es un producto de gran escasez. Asimismo, la Organización Mundial de Salud ha publicado la forma correcta de usar mascarilla: cuando se asista a aglomeraciones, cuando se converse con dos o más personas. No para lucirlas como adorno de moda. Además el uso se da de preferencia a los trabajadores de la salud que atienden la emergencia.

No es que nos opongamos a las medidas extremas, son buenas para la necedad e incredulidad de la gente, pero deben flexibilizarse en la medida que lo demande la población para atender sus emergencias prioritarias.