El gobierno que preside Nayib Bukele, está tomando medidas bastante acertadas contra la propagación de la pandemia del coronavirus en El Salvador. Sin embargo, pese a que algunas parecerán duras, aún no se llega al fondo de la verdadera acción para salir bien librados de la enfermedad: promover la acción colectiva de todos los sectores de la sociedad salvadoreña.

Por ejemplo, si se pregunta en los barrios ¿qué hace usted para no infectarse? la gente se queda muda, cuando de inmediato debería contestar ¡lavarme las manos! Aquí se viene la importancia de los medios de comunicación y de las redes sociales, que por cierto, están haciendo un flaco servicio a la lucha contra la pandemia.

Porque no solo se trata de las medidas que tome el gobierno, estas se quedarán en el vacío si no las acatamos y no tomamos por las riendas nuestra responsabilidad individual y colectivas.

En la ciudad de Soyapango, ciudad en la que abundan las sectas evangélicas, escuchamos a un «pastor» que vociferaba que ellos solo necesitaban la «sangre de Cristo», que es suficiente para no contaminarse. Mal mensaje. En Corea del Sur, fue precisamente una «iglesia» la que encabezó la difusión del coronavirus al no acatar la recomendación de no congregarse.

Otra situación que se da entre la gente es que cuando se conversa sobre la peste sale el famoso dicho: «de algo nos vamos a morir». Este pesimismo debe combatirse también, porque no se trata de la muerte de una persona, sino ¡de todos! La vida de todos está en riesgo.

El coronavirus es democrático en verdad: no distingue entre ricos ni pobres; no discrimina: le importa un bledo la raza del contaminado; no elige sectas religiosas: cualquiera que sea su creencia se va a contaminar; tampoco reconoce ideologías o si es feo, alto, bonita, bajo, etcétera. Todos estamos bajo la amenaza latente del coronavirus.

Lo anterior requiere, entonces, la acción colectiva: desde la organización en barrios, colonias, comunidades, cantones, caseríos, pueblos hasta la intervención de la empresa privada (que ya lo están haciendo) pasando por las iglesias o creencias que se reúnen de forma colectiva, hasta la familia que debe vivir separada de otros seres queridos.

Todos tenemos que aportar nuestro grano de arena y de una u otra manera, pagaremos ese costo, sea capital emocional o de costumbres, sea monetario o espiritual.

Debemos difundir por medio de las redes información valiosa o dónde la hemos encontrado. Tener a la mano o difundir los teléfonos de emergencia o crear un número para que los vecinos accedan al auxilio oportuno. Se debe entrenar ciudadanos para dar los primeros auxilios, disponer de ambulancias las 24 horas al día. Cada centro poblacional, del tamaño que sea, debe tener su propia red de información o centro de alerta para avisar a las autoridades de salud. Difundir las acciones a tomar de manera individual hasta el cansancio.

En fin que son muchas las acciones que se deben tomar y seguir. No solo debe ser lucha del gobierno, sino de los gobernados también, de otra manera nos espera una crisis demoledora, cuando estamos en buena posición para no caer en los problemas que tiene otros países.

¡Tomen conciencia de que la pandemia no es cosa de niños!