El hecho de que haya tanta agua en todas partes - filtrándose a través del suelo, flotando en las nubes o desplazándose por nuestras células- no niega las raras cualidades de este líquido.

El agua evade muchas de las leyes básicas de la química. La mayoría de las sustancias aumenta su densidad al pasar del estado líquido al sólido, ya que sus moléculas se apilan ordenadamente. Pero esto no ocurre con el agua: de ser así, el cubo de hielo en la bebida que usted consume se hundiría. Por el contrario, el agua se expande al congelarse y forma estructuras semejantes a rejas que dejan grandes espacios entre las moléculas.

Comprima la mayoría de las sustancias sólidas en una prensa y verá que se vuelven aún más densas (o bien se rompen en pedazos). Si hace lo mismo con un trozo de hielo, este aumenta su densidad convirtiéndose en líquido, y al retirar la presión, el agua vuelve a congelarse. El mismo principio se observan en los glaciares, cuyo peso crea una capa líquida en el fondo sobre el cual se desliza el glaciar.

Otra rareza: el punto de ebullición del agua es más alto que el de muchas sustancias, lo que representa una gran ventaja, porque si fuera más bajo hace tiempo que los océanos se habrían evaporado hacia la atmósfera.

Los científicos creen conocer la causa de estas peculiaridades del agua: el enlace de hidrógeno. Una molécula de agua normalmente se une, mediante este enlace, a otras cuatro: cada uno de los dos átomos de hidrógeno que conforman una molécula de agua atrae a un par de electrones de distintas moléculas cercanas, formando enlaces con la viscosidad adecuada, buscando el equilibrio: los enlaces no pueden ser demasiado débiles pues las moléculas de agua se separarían y de nada serviría; y tampoco pueden ser demasiado fuerte, afirma el químico Martín Chaplin, “pues no habría mucho movimiento y el agua y el agua se comportaría más bien como el cristal”.

Chaplin estudia la manera en que los enlaces hidrogenados del agua repercuten en la biología. Si partimos de la premisa de que la vida es materia ordinaria altamente organizada, surge la interrogante: ¿De dónde procede dicha organización? Pues bien, Chaplin sospecha que la respuesta está en los enlaces hidrogenados del agua.

En estado líquido, el agua puede parecernos muy laxa debido a cómo se siente al palparla, cómo se mueve, salpica rezuma, gotea, forma charcos y estanques. Sin embargo, desde la perspectiva bioquímica, esas propiedades son indicio de una estructura, no de caos. Chaplin afirma que el agua confiere estructura al modo en que se organizan las proteínas en una célula, de tal suerte que contribuye a organizar la vida misma.

El agua es el lubricante, el aceite que hace posible la bioquímica. El agua llena los océanos, nubes ríos y lagos, y moldea todo cuanto vive en la Tierra. Así que la próxima vez que vaya a la playa y admire la belleza y vastedad de mar, o contemple extasiado la forma de una concha, recuerde: todo es cortesía del enlace de hidrógeno.

 

Joel Achembach

Periodista del Washington Post

Publicado por la Revista National Geografic

bajo el título “Lazos que unen”

Mayo de 2004